2020(e)ko apirilaren 16(a), osteguna

La batalla de Muin-Oldar (1)

44 años después de la fundación de Börtz-Olak

Después de cuatro jornadas de largas marchas a través de los valles occidentales, Ganora Burdinbizar, nombrada comandante de la legión encargada de auxiliar a la fortaleza sitiada de Muin-Oldar, alcanzó a ver el baluarte enano al que había acudido a liberar.

La fortaleza aún se mantenía en pie, pero una horda de no-muertos se había concentrado ante sus murallas y luchaba por penetrar las defensas enanas.

Así que aquello era el Zimel-Itzal. Miles de cadáveres putrefactos, sin ninguna voluntad más que la del amo que había perturbado su descanso, para que cumpliesen sus anhelos de conquistar el Cantón Oeste. 

La hija del rey observó que algunas zonas aguantaban bien, pues las altas murallas, defendidas por los valientes guerreros del Cantón Oeste, suponían un obstáculo demasiado complicado para unos guerreros faltos de voluntad. Pero en la parte norte, allí donde la muralla cruzaba por encima de un riachuelo que surgía de la propia cumbre sobre la que se había levantado la fortaleza, las defensas no eran tan robustas y los defensores parecían estar pasándolo bastante mal.

Quienquiera que dirigiese a la horda enemiga, también había reparado en que las murallas eran más débiles en la zona norte, pues los cadáveres animados habían comenzado a arremolinarse en aquel lado de la fortaleza y los no-muertos parecían a punto de sobrepasar las defensas enanas.

Ganora maldijo la precipitación del Custodio del Cantón Oeste por acabar las obras de la fortaleza. Si al menos hubiese dedicado unos años más a su construcción, ahora no estarían a punto de perderlo todo.

- Khordin -llamó Ganora al montaraz que les había guiado hasta Muin-Oldar -Toma dos cohortes de guerreros y apoya el sector este. Yo tomaré las cinco restantes y acudiré en ayuda del sector norte.

El montaraz asintió y miró lúgubremente en dirección a la horda de no-muertos.

La heredera al trono captó la mirada del enano y sintió compasión por él. El enemigo había masacrado a sus compañeros de armas ante sus ojos, hacía menos de diez días. Ganora esperaba que aquellos sentimientos de ira y culpa que carcomían al montaraz, le ayudasen a la hora de combatir en las murallas.

- Que Dianek te proteja, Khordin. -le despidió Ganora.

- Y a ti, Ganora. -correspondió el montaraz, antes de dirigirse hacia las cohortes que se le habían asignado.

Ganora descolgó su hacha de doble filo de la guarda que le colgaba de la espalda y enfiló hacia la muralla del sector norte. Muin-Oldar debía ser liberada.

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