Ganora tomó el
escudo de que le consiguió uno de los acorazados y se lo ajustó en su brazo
izquierdo, asegurándose de que la cincha no le molestaba al movimiento.
- Todos
preparados para cuando dé la señal. -dijo Ganora a la escuadra de acorazados
que la rodeaba
-No os detengáis. No miréis atrás. Vuestro único pensamiento
tiene que ser el de alcanzar las murallas y derribar esas escalas.
Ninguno de los
enanos apenas emitió un sonido, pero ya fuese asintiendo levemente, emitiendo
un gruñido o golpeando su escudo con el arma, todos mostraron que habían
comprendido las ordenes de su princesa.
Ganora no supo
si la hosquedad de las reacciones se debía al innato carácter reservado de los
enanos o a que sus guerreros eran conscientes de que se enfrentaban a una más
que probable muerte. La joven enana pensó que quizás estaba pidiéndoles
demasiado a sus guerreros. Incluso ella empezaba a sentir la familiar sensación
de miedo que solía atenazarla antes de una batalla.
- Tranquila. Esos enanos te seguirían hasta donde
nacen las raíces de las montañas –dijo una voz a sus espaldas
El viejo
Draelgar, se puso a su lado mientras comprobaba que el filo de su hacha no se
había mellado.
- ¡Draelgar! -¿Qué haces aquí? –se sorprendió
Ganora.
Se suponía que
el viejo enano no iba a tomar parte de la carga. A pesar de ello, la joven
heredera se sintió reconfortada cuando vio al veterano capitán a su lado.
- Te necesito liderando al ejército. -dijo la enana -En el caso de que yo…
Ganora cayó
súbitamente. Incluso para ella, que estaba dispuesta a asumir en sus propias carnes
las consecuencias de la carga que estaban a punto de realizar, era difícil
enfrentarse a su más que probable destino.
- En ese caso, no seré yo quien acuda a Börtz-Olak a dar la mala noticia a tu
padre. –sentenció el viejo capitán, que entendía perfectamente qué había estado
a punto de decir la princesa.
Ganora vio en
los ojos del viejo enano, la misma determinación que la había invadido a ella
misma unos días atrás, en la Asamblea en la que presentó voluntaria para acudir
en ayuda de Muin-Oldar.
Incapaz de
pronunciar las palabras adecuadas para agradecer el gesto del enano, le abrazó
afectuosa y brevemente con el brazo que tenía libre.
Ganora
desenfundó su hacha a la vez que evitaba que una lágrima se le escapase y se
dispuso a dar la orden.
- ¡Enanos de Börtz-Olak, conmigo! –vociferó
levantando el hacha por encima de su cabeza. – ¡Ahora!
A su orden, las
primeras filas de la línea enana se abrieron hacia los lados creando una
especie de pasillo por el que los guerreros de Ganora, situados en las filas
posteriores, se abrían paso entre los enemigos que aún quedaban en el centro, a
golpe de hacha y martillo.
Los cadáveres
animados apenas pudieron oponer resistencia a la violenta carga que llevaron a
cabo Ganora y sus guerreros. Los mortales golpes de los enanos machacaban
huesos y reventaban órganos, salpicándolo todo de carne putrefacta y sangre
coagulada. Si no hubiese sido por el frenesí de la batalla, Ganora hubiese
tenido que pararse para vomitar.
Después de unos
minutos de violenta lucha, los enanos alcanzaron las escalas que el enemigo
estaba utilizando para asaltar las murallas, con muy pocas bajas en sus filas.
Apenas les llevó
un rato partir la madera de aquellas toscas obras de ingeniería, acabando con
toda posibilidad del enemigo de tomar las murallas al asalto.
Los vítores
recorrieron la muralla, cuando los defensores de Muin-Oldar vieron que sus hermanos de Börtz-Olak les habían salvado de la destrucción total.
Los enanos que
habían llevado a cabo la proeza, respondieron a los guerreros de las murallas,
levantando sus armas en señal de victoria.
Ganora en
cambio, no se recreó mucho en festejar el objetivo cumplido. Estaban atrapados
entre las murallas y el ejército enemigo. Era en este momento en el que las
cosas se pondrían realmente feas para ellos.
Pero algo sorprendió a la joven guerrera. La
horda de no-muertos no hacía ademán de cargar hacia su posición. Miles de ojos
carentes de vida le observaban pero ninguna de aquellas criaturas hizo ningún
movimiento como si de repente, la voluntad que les movía hubiese dejado de
insuflarles vida.
Casi más
asustada por la falta de reacción que por la perspectiva de enfrentarse a una
horda enemiga, Ganora retrocedió hacia la muralla, como si buscase su
protección.
Sus guerreros,
que también parecían haberse dado cuenta de la extraña situación, empezaron a cerrar
filas, creando un muro de escudos.
De repente, las
enmudecidas filas enemigas se abrieron, dando paso a la mayor aberración que
Ganora había visto jamás.
Una especie de
reptil de gigantescas dimensiones, serpenteaba entre los cadáveres animados, en
dirección a los enanos.
Algunas partes
de su cuerpo presentaban terribles heridas mortales, dejando al descubierto
carne y hueso. Sin duda, aquel ser había muerto de forma violenta y había sido
animado, al igual que el resto de miles de cadáveres que asediaban Muin-Oldar, para cumplir los propósitos
de una voluntad cruel y poderosa. A medida que avanzaba, dejaba tras de sí un
reguero de fluidos, que emanaban de su putrefacto cuerpo muerto. Sobre él,
montando la perversa criatura, una figura coronada y embutida en una armadura oxidada, clavaba sus fríos ojos sin
vida en la conmocionada princesa de Börtz-Olak,
a la vez que la señalaba amenazadoramente con su espada llena de herrumbre.
- Al fin apareces -dijo Ganora antes de enfilar hacia el rey de los no-muertos con un suspiro.
- Al fin apareces -dijo Ganora antes de enfilar hacia el rey de los no-muertos con un suspiro.
iruzkinik ez:
Argitaratu iruzkina