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La Batalla de Muin-Oldar (4)

44 años después de la fundación de Börtz-Olak


Ganora tomó el escudo de que le consiguió uno de los acorazados y se lo ajustó en su brazo izquierdo, asegurándose de que la cincha no le molestaba al movimiento.

- Todos preparados para cuando dé la señal. -dijo Ganora a la escuadra de acorazados que la rodeaba 

-No os detengáis. No miréis atrás. Vuestro único pensamiento tiene que ser el de alcanzar las murallas y derribar esas escalas.

Ninguno de los enanos apenas emitió un sonido, pero ya fuese asintiendo levemente, emitiendo un gruñido o golpeando su escudo con el arma, todos mostraron que habían comprendido las ordenes de su princesa.

Ganora no supo si la hosquedad de las reacciones se debía al innato carácter reservado de los enanos o a que sus guerreros eran conscientes de que se enfrentaban a una más que probable muerte. La joven enana pensó que quizás estaba pidiéndoles demasiado a sus guerreros. Incluso ella empezaba a sentir la familiar sensación de miedo que solía atenazarla antes de una batalla.

     - Tranquila. Esos enanos te seguirían hasta donde nacen las raíces de las montañas –dijo una voz a sus espaldas

El viejo Draelgar, se puso a su lado mientras comprobaba que el filo de su hacha no se había mellado.

     - ¡Draelgar! -¿Qué haces aquí? –se sorprendió Ganora. 

Se suponía que el viejo enano no iba a tomar parte de la carga. A pesar de ello, la joven heredera se sintió reconfortada cuando vio al veterano capitán a su lado. 

     - Te necesito liderando al ejército. -dijo la enana -En el caso de que yo…

Ganora cayó súbitamente. Incluso para ella, que estaba dispuesta a asumir en sus propias carnes las consecuencias de la carga que estaban a punto de realizar, era difícil enfrentarse a su más que probable destino.

    - En ese caso, no seré yo quien acuda a Börtz-Olak a dar la mala noticia a tu padre. –sentenció el viejo capitán, que entendía perfectamente qué había estado a punto de decir la princesa.

Ganora vio en los ojos del viejo enano, la misma determinación que la había invadido a ella misma unos días atrás, en la Asamblea en la que presentó voluntaria para acudir en ayuda de Muin-Oldar.

Incapaz de pronunciar las palabras adecuadas para agradecer el gesto del enano, le abrazó afectuosa y brevemente con el brazo que tenía libre.

Ganora desenfundó su hacha a la vez que evitaba que una lágrima se le escapase y se dispuso a dar la orden.

    - ¡Enanos de Börtz-Olak, conmigo! –vociferó levantando el hacha por encima de su cabeza. – ¡Ahora!

A su orden, las primeras filas de la línea enana se abrieron hacia los lados creando una especie de pasillo por el que los guerreros de Ganora, situados en las filas posteriores, se abrían paso entre los enemigos que aún quedaban en el centro, a golpe de hacha y martillo.
 
Los cadáveres animados apenas pudieron oponer resistencia a la violenta carga que llevaron a cabo Ganora y sus guerreros. Los mortales golpes de los enanos machacaban huesos y reventaban órganos, salpicándolo todo de carne putrefacta y sangre coagulada. Si no hubiese sido por el frenesí de la batalla, Ganora hubiese tenido que pararse para vomitar.

Después de unos minutos de violenta lucha, los enanos alcanzaron las escalas que el enemigo estaba utilizando para asaltar las murallas, con muy pocas bajas en sus filas.

Apenas les llevó un rato partir la madera de aquellas toscas obras de ingeniería, acabando con toda posibilidad del enemigo de tomar las murallas al asalto.

Los vítores recorrieron la muralla, cuando los defensores de Muin-Oldar vieron que sus hermanos de Börtz-Olak les habían salvado de la destrucción total. 

Los enanos que habían llevado a cabo la proeza, respondieron a los guerreros de las murallas, levantando sus armas en señal de victoria.

Ganora en cambio, no se recreó mucho en festejar el objetivo cumplido. Estaban atrapados entre las murallas y el ejército enemigo. Era en este momento en el que las cosas se pondrían realmente feas para ellos.

 Pero algo sorprendió a la joven guerrera. La horda de no-muertos no hacía ademán de cargar hacia su posición. Miles de ojos carentes de vida le observaban pero ninguna de aquellas criaturas hizo ningún movimiento como si de repente, la voluntad que les movía hubiese dejado de insuflarles vida.

Casi más asustada por la falta de reacción que por la perspectiva de enfrentarse a una horda enemiga, Ganora retrocedió hacia la muralla, como si buscase su protección.

Sus guerreros, que también parecían haberse dado cuenta de la extraña situación, empezaron a cerrar filas, creando un muro de escudos. 

De repente, las enmudecidas filas enemigas se abrieron, dando paso a la mayor aberración que Ganora había visto jamás. 

Una especie de reptil de gigantescas dimensiones, serpenteaba entre los cadáveres animados, en dirección a los enanos.

Algunas partes de su cuerpo presentaban terribles heridas mortales, dejando al descubierto carne y hueso. Sin duda, aquel ser había muerto de forma violenta y había sido animado, al igual que el resto de miles de cadáveres que asediaban Muin-Oldar, para cumplir los propósitos de una voluntad cruel y poderosa. A medida que avanzaba, dejaba tras de sí un reguero de fluidos, que emanaban de su putrefacto cuerpo muerto. Sobre él, montando la perversa criatura, una figura coronada y embutida en una armadura oxidada, clavaba sus fríos ojos sin vida en la conmocionada princesa de Börtz-Olak, a la vez que la señalaba amenazadoramente con su espada llena de herrumbre.

- Al fin apareces -dijo Ganora antes de enfilar hacia el rey de los no-muertos con un suspiro.





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