Khordin cargó otro virote en su ballesta, sin dejar de gritar ordenes a los guerreros que formaban el muro de escudos que era la línea enana.
La batalla del
sector este, aquel donde el montaraz había sido destinado con sus dos cohortes,
parecía estar decantándose para el bando de los enanos.
Las murallas de Muin-Oldar
eran más altas en este lado y los no-muertos no eran capaces de hacer frente a
los guerreros que defendían este sector de la fortaleza. Además, la llegada de las
dos cohortes que dirigía Khordin, había supuesto un mazazo inesperado para el
enemigo, que se había visto aplastado entre las murallas de la fortaleza enana
y los refuerzos venidos de la capital del reino.