2020(e)ko otsailaren 17(a), astelehena

La Última Llama (3). La fragmentación del Reino


Incontables ciclos solares han transcurrido desde entonces. Dos grandes cataclismos han asolado Mantica durante todo este tiempo. Cientos de reinos se han alzado y caído, pero la alianza entre los elfos de las montañas y la mágica raza de los dragones ha perdurado inmutable desde el día en que Calisor la hiciese posible.

Cuando la crecida de mar que siguió a la muerte de Invierno asoló Mantica, gran parte de Elvenholme fue engullida por las olas, llevándose consigo no solo grandes ciudades, espléndidos castillos o arboledas milenarias. Las aguas también segaron la vida de prácticamente la mitad de la población de Elvenholme, diezmando al tantas veces golpeado pueblo elfico. Cientos de miles de elfos murieron durante aquellos aciagos días. Grandes magos, guerreros o poetas como los que jamás se han vuelto a ver desde entonces, murieron bajo el último golpe asestado por la odiosa Invierno.

Todas las tribus sufrieron heridas que jamás sanarían, pero especial fue el dolor que la crecida del mar infligió en las tribus montañosas.

Debido al poder que les otorgaba la alianza con las poderosas criaturas, era casi tradición que los reyes de Elvenholme eligiesen como comandantes de los ejércitos reales a los más poderosos de los Señores de Dragón.

Por esa razón, durante la Guerra contra Invierno, muchos de los señores de Alandar y la mayoría de sus vasallos, se encontraban en el campo de batalla, encabezando la ofensiva elfica. Cuando la repentina crecida del mar azotó los continentes, muchos de los elfos de las montañas, lejos de la protección que las alturas de su tierra natal les proporcionaban, no pudieron escapar, quedando la población de las tribus montañosas reducida a menos de un tercio de lo que una vez fue. 

El trauma que las tribus de Elvenholme padecieron fue terrible y no supieron cómo hacerle frente, dándose la fragmentación del reino en diferentes estirpes e instaurándose el aislacionismo entre ellas. 

En las montañas, muchas ciudades y fortalezas fueron abandonadas, pues no había elfos suficientes en Alandar para habitarlas.

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