Incontables ciclos solares han
transcurrido desde entonces. Dos grandes cataclismos han asolado Mantica
durante todo este tiempo. Cientos de reinos se han alzado y caído, pero la
alianza entre los elfos de las montañas y la mágica raza de los dragones ha
perdurado inmutable desde el día en que Calisor la hiciese posible.
Cuando la crecida de mar que
siguió a la muerte de Invierno asoló Mantica, gran parte de Elvenholme fue
engullida por las olas, llevándose consigo no solo grandes ciudades,
espléndidos castillos o arboledas milenarias. Las aguas también segaron la vida
de prácticamente la mitad de la población de Elvenholme, diezmando al tantas
veces golpeado pueblo elfico. Cientos de miles de elfos murieron durante
aquellos aciagos días. Grandes magos, guerreros o poetas como los que jamás se
han vuelto a ver desde entonces, murieron bajo el último golpe asestado por la
odiosa Invierno.
Todas las tribus sufrieron
heridas que jamás sanarían, pero especial fue el dolor que la crecida del mar
infligió en las tribus montañosas.
Debido al poder que les otorgaba
la alianza con las poderosas criaturas, era casi tradición que los reyes de
Elvenholme eligiesen como comandantes de los ejércitos reales a los más
poderosos de los Señores de Dragón.
Por esa razón, durante la Guerra contra Invierno, muchos de los señores de Alandar y la mayoría de sus vasallos, se encontraban en el campo de batalla, encabezando la ofensiva elfica. Cuando la repentina crecida del mar azotó los continentes, muchos de los elfos de las montañas, lejos de la protección que las alturas de su tierra natal les proporcionaban, no pudieron escapar, quedando la población de las tribus montañosas reducida a menos de un tercio de lo que una vez fue.
El trauma que las tribus de
Elvenholme padecieron fue terrible y no supieron cómo hacerle frente, dándose
la fragmentación del reino en diferentes estirpes e instaurándose el
aislacionismo entre ellas.
En las montañas, muchas ciudades y fortalezas fueron
abandonadas, pues no había elfos suficientes en Alandar para habitarlas.
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