Un día, el gran mago Calisor
Fenulian arribó a las montañas de Alandar, causando gran revuelo entre las
tribus montañosas. Necesitaba de voluntarios que le guiasen por las
laberínticas y escarpadas cumbres, pues el famoso hechicero buscaba un
legendario artefacto de vital importancia para su nuevo proyecto. Al parecer,
las investigaciones que había llevado a cabo en la Biblioteca Euhedral,
apuntaban a que el misterioso artefacto descansaba en el macizo montañoso de
Alandar.
¡Ay, si aquellas valientes pero inocentes
almas hubiesen conocido los verdaderos propósitos de Calisor, ninguno hubiese
dado un paso al frente! Pero nada se sabía aun de la conversación que habían
mantenido el hechicero elfo y Oskan el Celestial, ni de que el objeto que
buscaba Calisor sería parte imprescindible de la debacle mundial que el
enamorado mago provocaría. Por lo que, ante el requerimiento del poderoso hechicero,
siete jóvenes elfos se presentaron voluntarios y juraron que ayudarían a
Calisor a conseguir el objeto que tanto anhelaba.
Grandes son las hazañas que
vivieron Calisor y sus siete Campeones, durante el transcurso de la búsqueda.
Pero esa es otra historia que no nos atañe en estos momentos y que se puede
consultar en otra obra de este mismo autor; Crónica
de los Siete Linajes.
Lo que nos interesa de aquel
acontecimiento es que finalmente, Calisor y los siete Campeones que le
acompañaron, cumplieron su objetivo y encontraron el legendario artefacto.
La alegría embargó al hechicero,
pues veía cómo su objetivo de conseguir la aprobación de su amada Elinathora
estaba al alcance de su mano. Por ello, hizo grandes regalos a sus Campeones,
tanto a los que habían sobrevivido a la búsqueda, como a los descendientes de
los que habían fallecido durante el transcurso de la misma. Poderosas armas,
talismanes mágicos y objetos hechizados les fueron entregados y los Campeones,
se convirtieron en grandes señores entre su gente.
Pero Calisor aún tenía otro regalo para ellos. Un regalo de reyes,
que les daría un poder excepcional y que acabaría distinguiendo a los elfos de
las tribus montañosas, como la tribu guerrera por antonomasia entre todas las
tribus elficas. El poderoso mago obsequió a los habitantes de los picos de
Alandar con el conocimiento del idioma de los dragones, que solamente él poseía
entonces y que posibilitó la alianza entre las dos razas. Una alianza que
perdura hasta nuestros días.
Mucho se perdió con la caída de
Calisor Fenulian, pero algunos de sus dones pervivieron, siendo el secreto de
la lengua draconiana, el que más celosamente guardaron los elfos de las
montañas.
![]() |
De los
siete Campeones surgieron los Siete Linajes Draconianos, que gobiernan Alandar
desde entonces
|
- La Última Llama (1). El Reino Unificado
- La Última Llama (3). La fragmentación del Reino
- La Última Llama (4). El linaje Fuego Eterno
- La Última Llama (5). El Último Señor de Cumbrealta

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