Antes de que estallase la guerra
contra Invierno y de que el cataclismo que siguió a su caída anegase los
continentes de Mantica, el pueblo elfico era uno en su conjunto y brillaba en
su apogeo.
Las diferentes tribus que lo
componían convivían en el extenso territorio de Elvenholme, siendo su
diversidad y tolerancia mutua, el terreno abonado sobre el que florecía el
antiguo reino.
Las tribus norteñas protegían
las sagradas forestas que en aquellos días salpicaban el reino elfico. Estas
tribus solían contar con los magos más poderosos y se decía que algunos entre
ellos tenían el don de poder comunicarse con la Dama Verde. El poder de la Dama
ha menguado desde los gloriosos días, pero aun hoy se pueden encontrar
poseedores del don, entre algunos miembros de estos linajes del norte.
 |
| En aquella
época, las diferentes tribus convivían en armonía | |
|
Las tribus occidentales por su
parte, construían grandes navíos con los que cruzaban los mares, en busca de
nuevos recursos o de naciones con las que comerciar. Acabarían erigiendo
grandes ciudades portuarias, costeadas con las ganancias del comercio marítimo.
Entre ellos se solían encontrar también a los más distinguidos diplomáticos que
los elfos enviaban para tratar asuntos de importancia con el resto de razas
nobles. Tan grande era su poder y prestigio entre el resto de tribus, que
fueron muchos los monarcas elficos elegidos entre las tribus occidentales.
Las feroces tribus montañosas,
también conocidas como tribus draconianas, eran las encargadas de vigilar el
extenso reino, a lomos de sus poderosos aliados, los dragones. Esta fructífera
alianza otorgó gran poder a las tribus montañosas y fue el mismo Calisor quien
la hizo posible.
|
iruzkinik ez:
Argitaratu iruzkina