2020(e)ko otsailaren 14(a), ostirala

La Última Llama (1). El Reino Unificado


Antes de que estallase la guerra contra Invierno y de que el cataclismo que siguió a su caída anegase los continentes de Mantica, el pueblo elfico era uno en su conjunto y brillaba en su apogeo.

Las diferentes tribus que lo componían convivían en el extenso territorio de Elvenholme, siendo su diversidad y tolerancia mutua, el terreno abonado sobre el que florecía el antiguo reino.

Las tribus norteñas protegían las sagradas forestas que en aquellos días salpicaban el reino elfico. Estas tribus solían contar con los magos más poderosos y se decía que algunos entre ellos tenían el don de poder comunicarse con la Dama Verde. El poder de la Dama ha menguado desde los gloriosos días, pero aun hoy se pueden encontrar poseedores del don, entre algunos miembros de estos linajes del norte.

En aquella época, las diferentes tribus convivían en armonía 


Las tribus occidentales por su parte, construían grandes navíos con los que cruzaban los mares, en busca de nuevos recursos o de naciones con las que comerciar. Acabarían erigiendo grandes ciudades portuarias, costeadas con las ganancias del comercio marítimo. Entre ellos se solían encontrar también a los más distinguidos diplomáticos que los elfos enviaban para tratar asuntos de importancia con el resto de razas nobles. Tan grande era su poder y prestigio entre el resto de tribus, que fueron muchos los monarcas elficos elegidos entre las tribus occidentales.

Las feroces tribus montañosas, también conocidas como tribus draconianas, eran las encargadas de vigilar el extenso reino, a lomos de sus poderosos aliados, los dragones. Esta fructífera alianza otorgó gran poder a las tribus montañosas y fue el mismo Calisor quien la hizo posible.

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