El estandarte de la casa Fuego
Eterno vuelve a ondear orgulloso en la torre más alta de Cumbrealta y cada vez
son más los elfos que acuden a jurar vasallaje a Kelerionn, ante la promesa de
un futuro mejor, bajo el gobierno de un señor justo.
Muchas de las viviendas de la
ciudad-fortaleza han sido nuevamente ocupadas y se ha procedido a la
reconstrucción de la muralla exterior. Incluso el templo que se erige en la
arboleda sagrada ha vuelto a abrir sus puertas y la Dama Verde vuelve a ser
venerada por unos pocos, a pesar de que su culto casi se había perdido en las
montañas.
Desde su regreso, el joven Kelerionn
se ha dedicado a ampliar las tierras de su señorío, expulsando de las montañas
a las tribus de goblins y de orcos que las habían ido ocupando ante la ausencia
de sus legítimos dueños.
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Kelerionn y
Alasombría protegen las tierras de Cumbrealta
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Armado con la espada mágica que
Calisor entregó al primero de los Fuego Eterno y montando sobre su leal
compañera Alasombría, no es difícil verle surcando los cielos, en pos de
cumplir el juramento hecho a la memoria de su padre.
El resto de Señores de Dragón
aún lo ven como a un advenedizo, pues ‘ni siquiera marcha a la guerra a lomos
de un dragón, como debería hacerlo alguien de su abolengo’. Pero esos
decadentes nobles parecen haber olvidado que Kelerionn también pertenece a uno
de los Siete Linajes y como tal, posee el don de Calisor.
Además, se dice que la espada y
el don de Calisor no fueron las únicas reliquias familiares que le delegó su
padre. Hay quienes juran que vieron cómo Kelerionn portaba un huevo de dragón,
cuando abandonó Ileuthar, rumbo a Cumbrealta. Y también hay quien dice que se han
vuelto a escuchar rugidos provenientes de la Cámara de Fuego, la gran cueva abovedada
donde antaño dormían los dragones Fuego Eterno.
Sea como sea, nadie en
Cumbrealta duda de que Kelerionn es un digno heredero de la casa Fuego Eterno y
que tarde o temprano, sobrevolará los cielos de Elvenholme a lomos de su propio
dragón.
Muchos confían esperanzados en
que ese día llegue pronto, pues abundantes son aun los enemigos que amenazan la
tranquilidad de Cumbrealta, casi tantos como las posesiones que una vez pertenecieran
a los señores Fuego Eterno y que quedan aún por recuperar.
Extracto de la obra ‘La última llama. Biografía de Kelerionn Fuego
Eterno’, por Bealaer Pluma de plata, cronista oficial del señor de Cumbrealta.

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