Situado en el corazón de la cadena montañesa de los Fornos, el joven reino de Börtz-Olak prospera, protegido por el macizo rocoso en el que se sitúa.
Sus salones se extienden bajo las cinco cumbres que dominan el próspero valle de Lur-latz, que abastece de abundantes recursos a los habitantes de la fortaleza enana. Los árboles y pastos que crecen en al valle, les proporcionan toda la madera que necesitan para alimentar sus hornos, así como el forraje necesario para mantener a sus numerosos rebaños.
Bajo las cinco cumbres, los enanos de Börtz-Olak han excavado profundas minas de las que extraen piedras preciosas como esmeraldas o zafiros, con las que comercian con la cercana ciudad portuaria de Aguagrís. También importantes vetas de hierro y cobre han sido descubiertas en las entrañas de las montañas, con el que los herreros enanos forjan armas de una artesanía sin igual.
Llegando por
tierra, solo se puede acceder al valle atravesando el estrecho paso de Ormaz, defendido por una guarnición de
enanos, que impedirán el paso de cualquiera que no tenga permiso del rey para
cruzar sus tierras. Por otro lado, remontando el río al que los enanos han
bautizado como Iz-arin, debido a sus
rápidas aguas, se puede acceder al puerto de la fortaleza enana, donde atraca
la flota comercial de Börtz-Olak.
Excavada bajo las montañas y defendida por la muralla natural que le ofrecen los picos que la conforman, el bastión de los Burdinbizar es prácticamente impenetrable. Los acantilados de las cuatro cumbres que rodean la montaña central están repletos aberturas especiales, desde las que cañones y arcabuceros recibirán con el fuego de sus armas a los posibles invasores.
Mientras que desde el exterior da la impresión de ser una fortaleza fuertemente custodiada, los salones interiores están excavados con la exquisitez y maestría que solo los enanos son capaces de alcanzar. Enormes techos abovedados, sostenidos por columnas tan altas que se pierden a la vista, reciben a los pocos visitantes que tienen la suerte de franquear las puertas de la fortaleza.
Los hornos de sus
fraguas no se apagan nunca y un incesante repiqueteo de martillos resuena en los
niveles bajos, dando testimonio del continuo trabajo que llevan a cabo los
maestros herreros y orfebres de Börtz-Olak.
Desde su llegada
a estas tierras, la presencia de los enanos se ha hecho notar de manera
importante entre los pobladores originales. Y, aunque muchos en su misma
situación podrían sentirse amenazados por la presencia de una nueva comunidad
con la que tener que compartir recursos, los habitantes de Aguagrís han recibido de buena gana a sus nuevos vecinos, pues son
muchos los que se han enriquecido con el floreciente comercio entre su ciudad y
la fortaleza enana.
También los enanos han sabido sacar provecho del comercio con el enclave humano y las relaciones entre ambos pueblos se han fortalecido de tal manera que incluso han firmado un tratado de amistad eterna entre Börtz-Olak y Aguagrís.



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