47 años después de la fundación de Börtz-Olak
La nieve crujía bajo el peso de las botas claveteadas de los exploradores enanos, a medida que éstos avanzaban a través del bosque, en dirección a los valles septrentionales.
Khordin, Tribuno de Muin-Oldar y ahora también, general en jefe de la avanzadilla enana, dejó atrás los últimos árboles de la floresta y observó la hondonada del norte en todo su esplendor. Las azules aguas del río bajaban rápidas en dirección norte, donde saldrían al Mar Infante. Esas mismas aguas heladas, eran las que bañaban las lejanas cinco cumbres bajo las que descansaba la capital de su reino; la próspera ciudad enana de Börtz-Olak.
La Custodio le había encomendado rastrear la zona norte y asegurarse de que ningún peligro podía amenazar la retaguardia del éjercito, cuando éste continuase su avance hacía el sur. Por suerte, hasta el momento, sus exploradores no habían encontrado ningún signo vida, más allá de la fauna autóctona.
Parecía que todo estaba en calma a este lado del valle de Canduinë. El enano sacó la pipa de la caña de su bota y se dispuso a llenar la cazoleta con algo de tabaco traído de Muin-Oldar.
Cuando estaba a punto de dar la orden de vuelta al campamento base, un repentino haz de luz morado se elevó por encima de los arboles de la floresta que nacía colina abajo, próxima a la orilla del río.
Khordin guardó la pipa que estaba a punto de llenar y dió la orden de seguir avanzando.
Fuera lo que fuere que hubiese tras ese extraño fulgor, él debía asegurarse de que no representaba una amenaza para el ejército de su señora.

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