47 años después de la fundación de Börtz-Olak
Ganora analizó la arcana estructura con curiosidad y recelo. Las antiguas piedras que formaban el arco, estaban repletas de grotescas runas que irradiaban una sombría luz púrpura.
Pero lo que de verdad atemorizó a la princesa enana, era lo que veía en el centro del arco de piedra. Unas terribles imágenes de un valle de lava y fuego, dominado por dos oscuras torres, de arcana manufactura, titilaban tras un extraño velo.
- ¿Por aquí dices que desapareció Khordin? -preguntó con la voz entrecortada Ganora.
- Así es, Custodio. -dijo con la voz entrecortada el único superviviente de la patrulla del malogrado Khordin.
Ganora notó cómo algo se removía en su interior. Desde la campaña del Zimel-Itzal, había ido entablando una relación con Khordin, que había ido fortaleciéndose con el paso de los años.
Durante los tres años que había ejercido como tribuno de Muin-Oldar, tras ser nombrado por la propia Ganora, habían luchado en varias batallas juntos, durante las campañas de los goblins, en las que expulsaron a las tribus de pieles verdes de los valles del Cantón Oeste.
Al convertirse en compañeros de armas, su relación se fortaleció y dejaron de ser superior y subordinado, para pasar a ser simplemente amigos.
Pero, a medida que se había ido desarrollando la camapaña de Canduinë y había ido conociendo más al aguerrido enano, ciertos sentimientos habían comenzado a florecer en Ganora.
No podía abandonarlo en aquellas terribles tierras atestadas de demonios. Aquello supondría enviar a sus guerreros a lo desconocido, pero no podía hacer oídos sordos a lo que su corazón le exigía.
Ganora respiró hondo y dijo lo que nadie quería oír.
- Debemos cruzar el portal. No dejaremos a nuestros hermanos abandonados a suerte.
Y con una feroz determinación nacida de sus sentimientos hacia Khordin, avanzó hacia la arcada de piedra, sin mirar atrás.

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