2021(e)ko maiatzaren 24(a), astelehena

Nuevos Horizontes

58 años después de la fundación de Börtz-Olak
 

Borek Bularzâbal, oteaba el horizonte con su catalejo de roble y oro, mientras el viento del mar silbaba a su alrededor. Aquel pequeño instrumento había pasado de generación en generación por todos los Buruzâbal, desde que su clan ingresara en la casta marina, antes incluso de la fundación de Börtz-Olak.

Había ayudado primero a su padre y antes aún, a su abuelo, a encontrar las rutas más rápidas y seguras del Mar Infante. Y también serviría a los propósitos de Borek, ahora que el rey Arudin le había premiado con la capitanía de su propia embarcación.

Y no se trataba de cualquier embarcación. La nave que ahora surcaba el Mar Infante era la última y más poderosa de las embarcaciones jamás salidas de los astilleros de Börtz-Olak. Había sido necesario el duro trabajo de cientos de enanos, durante tres largos años, para sacarla a flote. Un enorme mascaron bañado en oro y en el que se había tallado la imagen del primer rey de la dinastía Burdinbizar, cortaba las aguas sin apenas oposición.

El rey Arudin le había despachado unas órdenes claras. Los elfos del Crepúsculo habían bloqueado la ruta comercial que los enanos querían expandir desde la fortaleza de Mûin-Oldar, en la fronterea oeste del reino de Börtz-Olak, hasta más llá de la ciudad élfica de Ileuthar, hacia el resto de reinos de Elvenhome. Por lo tanto, Borek debía rodear por mar el istmo de Ileuthar, para dirigirse luego hacia el oeste, hacia la ciudad élfica de Therennia Adar. Allí debería establecer un acuerdo comercial con los elfos, a través del cual, el rey Arudin pretendía obtener grandes beneficios para su creciente reino.

Era una misión de suma importancia. Una de esas cuyo desenlace puede cambiar el devenir de un reino. Borek era consciente de la envergadura de aquella empresa y era por ello que había enrolado a los mejores enanos de entre los pertenecientes a la casta marina. Había mucho en juego. Tanto para su clan, como para el reino enano de Börtz-Olak.  

El orgulloso capitán plegó el catalejo y guardó la reliquia familiar en el fajín que rodeaba su generoso abdomen, a la vez que gritaba las órdenes necesarias para corregir el rumbo. Ya habían dejado atrás las tierras del Crepúsculo y estaban a suficiente distancia de sus costas, como para evitar ser avistados por alguna de las patrullas que los corsarios elfos solían desplegar por el litoral de Elvenhome.

Borek sintió el cambio de rumbo bajo sus pies, corroborando que la tripulación había ejecutado sus ordenes con milimétrica precisión. Con unos enanos tan diestros y disciplinados a su mando, pocas dudas tenía sobre el éxito de la travesía, a pesar de que era una proeza al alcance de muy pocos. 

Borek, al igual que el propio rey Arudin, confiaba en que tamaña proeza les mostrase como una nación poderosa, a ojos de los elfos. Además, si la hazaña de rodear la costa de Elvenholme no era suficiente para impresionar al orgulloso rey Ariandaris, de la Estirpe del Mar,  ya lo harían las piedras preciosas y los artilugios mecánicos de manufactura enana que transportaban en las bodegas.

El repentino grito de advertencia del vigía le sacó de sus pensamientos. El aviso alertaba del avistamiento de otra embarcación. Borek volvió a desplegar su catalejo y oteó el horizonte, en busca de los negros velamenes de los corsarios elfos, pero no distinguió nada en la línea que separaba el mar del cielo. 

Desconcertado por verse incapaz de localizar la posible amenaza, escudriñó el mar con más vehemencia, hasta que al final lo vió. Una enorme circunferencia burbujeante se había formado hacia la parte de estribor. Entre las burbujas, el enorme caparazón de una tortuga gigante comenzó a emerger, con decenas de extrañas criaturas humanoides aupadas en su ósea cubierta. A su vez, más y más crituras acuáticas, empezaron a aparecer sobre la superficie del mar, dirigiendo su hostil mirada hacia la embarcación enana.

- Preparad los cañones. -ordenó Borek, intentando mantener la compostura -¡Nos atacan!



 

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