2021(e)ko maiatzaren 6(a), osteguna

El valle de Iz-Buru (VanKoW: Final)

47 años después de la fundación de Börtz-Olak


Ganora se incorporó sobre los estribos de su majestuoso muflón de guerra y oteó el otro extremo del valle, escudriñando las apretadas filas enemigas.

Cientos de orcos, trolls y demás criaturas horrendas, gruñían y gesticulaban grotescamente al son que marcaban los grandes tambores de guerra que habían traído consigo, mientras blandían sus rudimentarias armas hacia el ejército venido de Muin-Oldar.

En uno de los flancos, unos enormes orcos, armados hasta los dientes y montados en grandes jabalies de afilados colmillos, amenazaban burlonamente con ser capaces de aplastar a cualquier enano que tuviese la osadia de acercarse lo suficiente a ellos.

En el otro extremo, un enorme gigante con cara de estúpida expresión, blandía el tronco de un enorme pino, que probablemente habría arrancado de cuajo en su camino hacia el campo de batalla y ahora pretendía utilizar como arma contra los enanos que defendían el valle.
-Un ejército numeroso, sin duda -dijo Khordin, procurando que su tejón de batalla no se acercase demasiado a la territorial montura de la Custodio. -Los montaraces han rastreado la zona y perseguido a las patrullas enemigas. Todos los orcos del Canduinë están aquí.
Ganora, asintió satisfecha. Aquella no sería una batalla fácil, de eso no había duda. Pero si conseguían la victoria (y no dudaba de que su ejército vencería), vaciarían de enemigos los valles del norte y aseguraría la paz durante años. Años en los que los enanos del clan Burdinbizar paprovecharían para establecerse en estas tierras y añadir un nuevo cantón al reino de Börtz-Olak.
La primogénita del rey Arudin estaba decidida a expandir los dominios de su padre y de que el nombre del clan Burdinbizar quedase grabado en las crónicas de los enanos, junto al resto de los grandes clanes legendarios.
- Estos valles ahora nos pertenecen. -aseveró Ganora con fiera determinación. -Hagámoselo saber a nuestros enemigos. 
Y sin esperar contestación por parte de su tribuno, azuzó a su muflón y cargó contra el enemigo, a la vez que lanzaba un ancestral grito de guerra. Tras ella, miles de gargantas enanas secundaron su desafío y siguieron a su comandante, con los escudos en alto.




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